Diario 1984
Hace poco, arreglando una gaveta de mi mesa de noche, me encontré con un sobre Manila bastante gastado, con una una etiqueta escrita a máquina, con la dirección del apartamento en dónde vivía con mis padres y mi hermana cuando era un adolescente. Dentro de éste, halle unas cuantas hojas amarillentas, con olor a tinta de bolígrafo viejo, en donde escribí una especie de diario durante los meses de: Agosto, y Septiembre del año 1984.
En ésas hojas ambarinas, rancias, me encontré a mi mismo hace 40 años, comencé a leerlas poco a poco, ya que sentía cierto rechazo, y me encontré con una persona desconocida para mí hoy en día, no es que haya cambiado mucho, la esencia sigue siendo la misma, pero tenía una forma de escribir un poco radical, tal vez sea una característica de la adolescencia. Me ha costado y me cuesta mucho reescribir esas páginas, ya que chocan contra mí mismo, cuarenta años han pasado, no es poco, aún vivo en ésta ciudad, también se podía decir que a una cuadras de la dirección de la etiqueta gastada, aún recorro las mismas calles, aunque la ciudad ha cambiado, al igual que yo, pero me cuesta mucho reescribir ésa hojas pajizas, en hojas blancas, limpias. Trato de hacer un registro fiel de ellas, pero a veces no puedo hacerlo fácilmente, ya que me encuentro con errores de construcción bastantes graves, pero ése no es el problema, sino las ideas de ése muchacho, que después de 40 años me siento en desacuerdo con muchas de ellas. Pero estoy en la labor, y pienso llegar al final de ése verano del 84, que representó para mí una espera de lo que lo que iba a ser una cambio radical en mi vida, el paso del colegio a la universidad. Es el paso de un mundo a otro, y yo, en ése momento, estaba simplemente a la espera, traduciendo en papel, lo que me decía mi mente.
Para mí, 1984 no fue la visión apocalíptica de Orwell, pero si fue un gran cambio, el paso del Colegio a la Universidad, el paso del mundo pequeño al mundo grande, el paso de dejar de ser un niño e ingresar al mundo de los adultos, que puede ser tan terrorífico como el mundo de Orwell.
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